miércoles, 11 de marzo de 2015

Iván Illich

(Viena, 1926 - Bremen, 2002) Pedagogo y ensayista mexicano de origen austríaco. Alentado desde su temprana juventud por una viva curiosidad humanística, cursó estudios superiores de Teología y Filosofía en la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma, para acabar completando su rica formación académica en la Universidad de Salzburgo. A los veinticinco años de edad, en busca de mayores posibilidades profesionales, emigró a los Estados Unidos de América y, merced a sus amplios conocimientos teológicos, ejerció durante algún tiempo como asesor pastoral en Nueva York; pero pronto habría de romper sus vínculos con la jerarquía eclesiástica, ya que sus teorías pedagógicas, muy agresivas con cualquier forma de poder institucional, se mostraban especialmente críticas con la Iglesia católica y con el protagonismo que ésta había venido desempeñando durante siglos en materia educativa.
En 1956 se trasladó a Puerto Rico para ocupar el cargo de vicerrector de la Universidad de Ponce (de filiación católica), y, tras permanecer en la isla antillana por espacio de cuatro años, se consagró a la redacción y difusión de sus radicales ideas pedagógicas por todo el ámbito hispanoamericano, donde pronto alcanzó un notable prestigio que le condujo, entre otras ocupaciones, a asesorar directamente la política educativa del gobierno boliviano presidido por Alfredo Ovando Candía (actividad en la que colaboró con el brillante pedagogo brasileño Paulo Freire). En 1971, ya con algunos títulos publicados, Iván Illich fue uno de los fundadores del Centro Intercultural de Documentación de Cuernavaca (México). Entre sus obras más influyentes en los estudios pedagógicos del último tercio del siglo XX, figuran algunos títulos tan notables como La escuela, esa vieja y gorda vaca sagrada (1968), Una sociedad sin escuela (1971), Herramientas para la convivencialidad (1973), Energía y equidad (1973), Némesis médica: la expropiación de la salud (1975), Educación sin escuelas (1975), La sociedad desescolarizada (1978), La escuela y la represión de nuestros hijos (1979) -escrita en colaboración con Hildegard Lüning-, Shadow-work (1981), Producir (1982), Ecofilosofías (1984), En América Latina, ¿para qué sirve la escuela? (1985), La educación (1986) -escrita en colaboración con el citado Paulo Freire-, y H2O y las aguas del olvido (1989). La tesis fundamental que alienta todas estas obras afirma que ninguna de las instituciones tradicionales de la sociedad industrial se adecua a las necesidades reales del mundo actual, por lo que es necesaria una revisión de todas ellas, empezando por la que Iván Illich considera como la más perniciosa: la escuela. Según el radical pensador mexicano, la educación pedagógica sostenida institucionalmente por la escuela tradicional se ha convertido en una mercancía carente de valores éticos y concebida únicamente como un hábil instrumento para la formación de escolares utilitaristas y competitivos.



 Para poner fin a esta constante inmersión de los educandos en los dominios de la agresividad materialista, Iván Illich propone el aprovechamiento de otros "canales del saber" que, en su opinión, deberían servir de alternativa a la anquilosada rigidez de la escuela institucional y la política educativa implantada en todas las naciones de Occidente. Y es en este marco concreto donde surge su propuesta pedagógica más radical y revolucionaria, la denominada "corriente de desescolarización", que comienza por establecer de forma tajante que la mayor parte de los conocimientos útiles para un individuo de la sociedad contemporánea se adquieren fuera de la escuela (es decir, en contacto directo con el entorno familiar, las experiencias sociopolíticas y las vivencias culturales). Una vez establecido este principio, Iván Illich propone en su teoría "desescolarizar" la educación, fomentar el aprendizaje informal y potenciar la creatividad del individuo dentro del entorno social en que se mueve, sin someterlo a los rígidos estamentos de la escuela institucional.

catedrática: Amelia Salas Porras.

Alumna: Rebeca Dominguez Sanchez.

viernes, 6 de marzo de 2015

MULTICULTURALIDAD.

Hoy en la actualidad y como siempre han existido diferentes razas de seres humanos, la diversidad cultural del mundo es un fenómeno ya que cada etnia tiene sus costumbres creencias y lengua. Además debemos fortalecer el respeto y saber que somos iguales en todos los aspectos, ya que nadie vale más por su  estatus social o de economía o bien por su raza, todos somos iguales con el simple hecho de ser humanos. La educación es un derecho humano fundamental para todos los niños y niñas, ya que es muy importante para nuestro desarrollo como individuos y de la sociedad, contribuye  a un buen futuro como persona. Que los niños y niñas tengan acceso de una educación de calidad e igualdad y así obtener las oportunidades educativas para alumnos culturalmente diferentes.
Por lo general,  los grupos dominantes son quienes logran que todos entiendan que ellos son diferentes a los demás, y quienes logran expresar con mayor claridad y eficacia cuales son las diferencias que les separan de los otros ya que hoy en día vivimos en una sociedad donde el que tiene más poder económico es el dominante.
Debemos como personas respetar comportamientos y creencias de otras culturas, superar perjuicios respecto a personas y grupos étnicos y potenciar el sentido crítico constructivo respecto a la propia cultura y a los demás.
Los mayores riesgos del multiculturalismo son el no encontrar una forma de conciliar estas diferencias, el discriminar a un parte de la población por su origen cultural, el limitar el derecho que todos tenemos de procurar aquello que nos permite realizarnos y alcanzar un estado de felicidad y aceptarlos tal cual es cada con su forma de pensar. En muchos países donde se ha aceptado esta realidad, se implementan políticas para fomentar la integración. Entre las más importantes están las educativas y laborares. El compartir en un salón de clases o en nuestro lugares de trabajo con personas de culturas de otro origen, permite convivamos, compartamos, trabajemos juntos, y nos demos cuenta que al final de todo, no somos tan distintos, y que aquello que nos une es mucho más grande que aquello que nos separa.
Mas que nada lo importante que es tener una identidad como nación sabes donde naces donde creces donde te vas a desarrollar como persona, ver que elecciones como nación debes de tomar para un bienestar de futuro como es tan indispensable tener algo que te identifique como persona y vivir en un lugar tranquilo donde no exista la pobreza, la desigualdad, las injusticias ya que por no tener el poder económico muchas veces la sociedad no te acepta.